Mal tiempo y mala cara

La lluvia me roba el pan

ese que intento plantar en mi huerto

el frío lo quema todo

encoge mi vida y mi estomago.

Cuando dependes de la naturaleza

para sentir como sigue la vida

todos los elementos del invierno

te quitan años de encima.

Y los achaques en mi cueva

sin lujos ni nadie que caliente mi sistema

es una enseñanza digna y pura

de sobrevivir a dos velas.

Y es una lección de humildad

que acepto con todo lo que arrastra

si una queja le pongo a el mal tiempo

es que empeore mi enfermedad.

Cambiar

Recordar quienes somos

encontrar el camino

donde entender nuestras preguntas

salvar las distancias.

Todo aquello por descubrir

descifrar la fe en la vida

toda esa información escondida

más allá de nuestras almas.

Hacer del mal el bien

donde las angustias sean azúcar

donde puntualizar el tiempo

sea sólo un tanto por ciento.

Donde inventar lo inventado

desde un simple abrazo

donde todo lo sacado de contexto

podamos meterlo en un saco.

Gemido, dos, tres y un suspiro.

Cabalgas el misionero como corcel de la muerte, de sesenta y nueve maneras de humedecerme la boca, de rozarte contra la música de mi bello púbico contra el tuyo, de mover las arenas del tiempo con tu melena sudada, eres la media luna que forma la cama donde me amas donde me haces caníbal.

Los ventiladores no funcionan con el calor que desenchufas, tus pechos ojivas nucleares que harían de los súper héroes villanos por bajarte al pilón de tu consciencia, de esa que usas con la psicología de tus nalgas prietas para poner la gestación mas hermosa a mi erección.

Me gusta hacer el amor contigo (no le digas follar al arte de amasar el pan) porque te entregas con las revoluciones justas, evolucionando las posturas al tiempo, a la edad de nuestras vidas, sin comprometer el arnés que sujetándote del techo te impulsa hacia mi miembro, hacia tu cueva del placer, de la dicha.

Eres la seda, el bocadillo de la merienda que no falta, el combustible que furtivamente lo inflama todo, un demonio, vale también esa duende que me castiga con los hechizos para que no falte el riego de esa sangre que la mantiene viva, perra veterana de mil batallas.

Te digo buenos días, contacto, con tacto, suavemente con fuerza, gemido, dos, tres y un suspiro.