Terror en el campo

La boda de Anale

Anale estaba preparada para la boda, vestida de blanco se enfrentaba a los nervios como una profesional, la música del órgano sonaba con la marcha nupcial y toda la capilla estaba llena de los familiares y amigos mas allegados. Ella fuera de la puerta esperando la señal, del brazo de su padre, de la organizadora de la boda, mientras el novio sudando la gota gorda hablando con el cura, nervioso también por supuesto, aunque también algo resacoso de la despedida de soltero.

Una vez el aviso de darle paso, la música sonó con más énfasis y la novia daba pasos firmes hacia el altar. Todo el mundo se giró para verla entrar, nadie se fijaba en quién la llevaba del brazo o de las niñas que sujetaban la cola, sólo lo espectacular que estaba, lo maravillosa y radiante que inundaba toda la capilla con su belleza.

A cinco pasos de los tres escalones que la llevaban a la mano de su novio y de darse el “si quiero” y con el murmullo de los piropos de todos los presentes por un segundo la oscuridad se hizo y Anale sacándose el velo que llevaba bien ajustado al peinado dio un grito salvaje y frenético, el silencio fue absoluto y todos estaban esperando a que alguien dijese algo pero todos estaban petrificados.

Momento que Anale aprovecho para levantarse el vestido, sacarse dos pistolas de sus cartucheras que llevaba en ambas piernas, con munición de nueve milímetros de punta hueca para causar el mayor daño posible y empezó la locura. Apuntando con precisión los cargadores modificados empezaron a escupir sus balas por los cañones de ambas pistolas hacia las cabezas de los asistentes y los gritos y el horror se adueñaron de toda la capilla.

El primero en caer fue el novio, un tiro perfecto entre los ojos, el cura aunque intento esconderse bajo su sotana el segundo con un disparo directo al corazón, luego al girarse y de manera inteligente fue disparando a los últimos, el de los bancos del final para que no escaparan y se fuesen acumulando para atascar la salida.

Su risa mientras apretaba el gatillo era desequilibrada y tortuosa pero sus ojos inyectados en sangre sólo paraban para recargar las pistolas con los cargadores que llevaba en el liguero. Y volvía a escupir fuego una y otra vez no dejando vida en pie a su paso, todos y cada uno de los presentes fueron dejando sus últimos pensamientos sobre el frío mármol y para cuando Anale había terminado la matanza la policía ya acordonaba toda la zona.

Cubierta de sangre y con el vestido blanco teñido de rojo al completo salio a la calle donde varias patrullas le apuntaban, un comisario con el altavoz de uno de los coches le dijo en alto: ¿por qué lo has hecho?, tira las armas.

Anale riéndose en alto le contesta…

– ¡Es que las bodas me estresan joder!.

Una situación inesperada

Su taza de café con leche sobre la mesa temblaba con extrañeza, de una manera inusual. El pasillo casi a oscuras no dejaba par a la imaginación, solo podían ocurrir dos cosas, que llegase el relevo de la guardia o que algún paciente se levantase y fuera a la centralita a pedir algo sin tocar al timbre de su habitación.

Pero ese temblor, esa sensación de frío era algo raro, como un momento alejado de la realidad cotidiana que no solía darse a menudo. Y sintió miedo, a pesar de ser una clínica psiquiátrica modelo, por su cuerpo empezó a subir una sensación de temor y pánico. Tenia el presentimiento de que algo iba a suceder.

En unas décimas de segundo sus pupilas se dilataron al máximo y en la negrura del pasillo pudo divisar una formación semitransparente que iba tomando forma, que se iba pareciendo cada vez más a algo humano pero que levitaba, que se mostraba como un ente que atravesaba las sillas, las camillas, todo mueble que estaba en el pasillo y que iba camino suyo.

El sudor se hizo patente, el café con leche temblaba como si hubiese un futuro terremoto, sus manos estaban como atadas intentando llegar al teléfono para avisar a seguridad, pero estaba paralizada. La angustia se apodero rápidamente de todo su cuerpo e intento gritar sin resultado alguno, lo volvió a intentar varias veces mientras el ente fantasmal se acercaba pero no salía nada de su garganta.

Cuando lo que ya se podía decir que era un fantasma en toda regla se quedo parado a escasos centímetros cara a cara, Ana María echada hacia atrás en su silla ahogándose en su propio miedo, temblando como si ello le fuese a salvar la vida articulo una sola palabra – “hola” -.