Hablando de amor

Cuando tienes la necesidad de amar, de sentirte protegido por el amor de otra persona, no puedes dejar de pensar en ella, de sentirla tan cerca y dentro de ti que cualquier otra cosa que no sea como esa sensación deja de ser principal, no te alimenta. Entonces en parte sientes dependencia de ese ser humano que te llena de emociones y sentimientos y dejas que todo aquello que habías perdido vuelva a ti y te regocije de los mejores momentos que por tu mente han pasado.

Sentirse querido es algo que debería de estar generalizado y que por lo menos una vez en la vida todos deberíamos pasar por ello en toda su plenitud, sin frenos ni agravios, sin tener que demostrar nada, sin que entregar algo a cambio, solo la misma parte que te entregan, el mismo nivel, la misma cadencia de flechazos de amor. Y entristece saber que muchos no conocerán ni por un segundo algo que se allegue a lo más parecido, a veces por timidez, otras porque no se les da una oportunidad para demostrar que son igual de validos o mejores aunque no cumplan con los dichosos patrones de la sociedad de tener que meter todo en un Olimpo de Dioses.

Me gusta amar, me gusta querer, me gusta entregarme en cuerpo y alma a quién sinceramente me quiera, me regale su tiempo porque sabe que yo le daré todo el mío, todo lo que tengo, mi vida. El amor es un motor increíble del que necesitamos para seguir adelante, quién rehúse de el es que nunca ha vivido lo suficiente para echarlo de menos.

Te quiero porque…

Te quiero

porque eres lo más hermoso

que he tenido en mis brazos

a la que he besado.

Te quiero

porque me levantas una sonrisa

sabes secar mis lágrimas con una caricia

devolverme la ilusión por la vida.

Te quiero

porque los dos nos parecemos tanto

compartimos las mismas ilusiones

nos deseamos.

Te quiero

porque todo tu ser llama al mío

porque tenemos la necesidad de estar juntos

de amarnos para siempre.

Lo entenderás

Ahora todo es especial

no hay lugar ya a la desesperanza

antes todo era oscuridad.

Mi vida ha cambiado

aliviado por el amor

rodeado de cariño volando como

ícaro hacia la libertad

ansiada y necesitada.

Oteando el horizonte perfecto

todo es como tu sonrisa

esperando mis besos apasionados

regresando a tus brazos

ofreciéndote mi vida.

La primera vez…

Los dos hemos aprendido el uno del otro en el arte de amar, en el acto más notable de una pareja que se quiere: hacer el amor. Y cada día que pasa seguimos aprendiendo porque descubrir nuestros cuerpos no es cosa de un momento, de lo que dura un suspiro, descubrirnos lleva toda una vida juntos, en cada vez, cada instante que nos seducimos, que hacemos de nuestras caricias nuestro alimento.

Y recuerdo cuando posaste por primera vez tu sujetador sobre mi cama dejándome ver tu desnudez, entregando tu virtud ante mi y yo temblando lleve mi mano hacia tu pecho, sonreíste. Me abrazaste y me susurraste “besame tonto” y desde ese momento no he podido dejar de besarte porque me desarmaste con tu encanto, con la ternura de una mujer enamorada y comprendimos los dos que un simple detalle como dejar tu sujetador en mi cama era más importante que firmar cualquier papel pues a nuestros ojos nuestra pareja estaba consolidada para siempre.

Cómplices, de todas las cosas que estaban por llegar, del regalo de tus ojos verdes cada mañana al despertar, de proteger nuestros sentimientos con otros nuevos más reforzados para no dejar nada al azar, al pasar del tiempo ni la monotonía ¿acaso hay algo más bonito que enamorarse de tu pareja una y otra vez como la primera vez?.

Los dos juntos de la mano paseando, como olvidarlo, el primer beso, como olvidarlo… por siempre.