El colgado

Quiero saber

como cuelgan los malditos,

de la soga de esparto

sin usar sus dedos huesudos.

Rozando el cuello a la camisa

ropa vieja y cara demacrada,

en los años pasados sin presente

hasta orinarse en las suelas.

Rechinar de sus dientes podridos

con el tabaco de mascar en la garganta,

su último escupitajo

las pupilas levemente dilatadas.

Esperando el perdón de la plebe

donde corean su nombre sin justicia,

no hay cosa que más caliente

que ver el sufrimiento de otros.

Cuatro razones

Te amo

mientras tus manos me seducen,

tus pezones juegan en el limbo

de mis labios humedecidos.

Te siento

en esos adentros que capitularon,

a la manera que tienes de quererme

de dejar enfriar mis sabanas.

Te deseo

más allá de sentirte dentro de mi,

en cada embestida hacia el cielo

nuestros orgasmos al fin compartidos.

Te quiero

en esa lejanía que nos reclama,

en todos los momentos del día

que hacen de amarte mi llamada.

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