Una historia de zapatos

Esta es una historia de zapatos, una historia que mi niña me contaba cuando me ponía el periódico entre la barriga y la camiseta vieja para no tener frío. Le gustaba narrarme como una amiga suya que siempre estaba descalza vio fin a su sufrimiento cuando se encontró unos zapatos nuevos en la caja de cartón donde dormía.

Y es que un día cuando más el frío y la nieve llenaban las calles su amiga solía mendigar en la misma plaza, con sus pies descalzos y temblando, no para dar pena, sino porque no tenía medios ni nadie que le ayudara a estar preparada para el mal tiempo, el hambre y la mala cara. Entonces a la pobre se le ocurrió tirar el cartel donde tenia escrito que pedía limosna para comer y en un nuevo cartón escribió – una limosna para unos zapatos por favor – .

Pero seguía teniendo el mismo éxito que cuando pedía para comer caliente, ni la gente soltaba unas monedas ni nadie le dejaba una bolsa con prendas viejas o zapatos usados, pero aún así la pobre niña no perdía la compostura y al acabar el día, con la barriga llena o no, se metía en su caja de cartón y se dormía.

Una de esas mañanas donde no se esperaba nada se encontró unos zapatos nuevos de su talla dentro de su caja con una nota que decía: “cuando no esperes nada de la gente recuerda que siempre hay quien como tu sabe lo que es pasar frío”.

Entonces cuando mi niña me contaba lo que ponía la nota le preguntaba si sabía su amiga quién fue el benefactor ¿quién le regalo los zapatos?. Y mi niña con una sonrisa me contesta siempre orgullosa, fui yo Papá, yo y todos los demás pobres que como nosotros pasamos por malos momentos pero sufriendo un poco más unos días reunimos lo suficiente para comprarle los zapatos y así poder ver como mi amiga, nuestra compañera de fatigas vuelve a sonreír y a no sentir en sus pies la hipocresía de los que tienen tanto que no ven el mundo que hay por debajo de sus hombros.

Mi niña siempre me da lecciones y por eso me siento orgulloso de que a pesar de no poder ofrecerle nada ella siempre sepa salir airosa en la vida. No por tener de más se puede ser mejor.

Patrones refutadores

En la ayuda al prójimo

malvadas son las pajas

metidas en ojo ajeno

incrustadas por el culo adentro.

No tener otra vida

donde meter y sacar

todos esos colegas falsos

que se ríen de tu enfermedad.

Hay modos y maneras

en el medio de toda pobreza

que no solo grita el bolsillo

sino también los mal paridos.

Y aunque hay risas contagiosas

que siempre se pegan los mismos

los zampabollos que vivimos en una cueva

somos el cero a la izquierda.