La niña del peine

La niña del peine es una leyenda urbana que empezó a sonar hace pocos años por el sur de un país, una historia que infunde un terror tremendo y que muy pocas personas son capaz de hablar en la intimidad de la oscuridad o a la luz de una vela.

La niña del peine era una violenta y cruel asesina que usaba su peine como arma blanca afilada que decapitaba cabezas cuando lo lanzaba, un peine de armas tomar, afilado como las garras de un tigre de Bengala, más rápido que una bala y que poseía el poder de una vez lanzado volver a la mano de la niña para ser usado repetidas veces.

La niña del peine como otros misterios del terror como el Ayuwoki, Momo, etc. Es de una frialdad infinita y cuando mencionas su nombre tres veces en el espejo del baño mientras estas sentado en el escusado cagando se te aparece y no deja pelo en cabeza, ni cuello sobre hombros, por eso recuerden que nunca, pero nunca la mencionen o la niña del peine podrá entrar en sus vidas y desgraciarlos como si hubiesen comido chipirones en mal estado, o judías fritas con salsa jalapeña con fabada y lentejas en un mismo bocadillo de pan de molde, algo inaudito.

La niña del peine es por lo tanto causa de paredes derribadas, aumento de la venta de peluquines, personas dadas de baja en el uso de las conexiones inalámbricas, venta de spray pimienta a toneladas, pañales aborrecedores del miedo y toda una industria detrás de ella, es cierto, es verdad, la niña del peine, es mortal.

Posdata: ¡Quedan avisados!

Una situación inesperada

Su taza de café con leche sobre la mesa temblaba con extrañeza, de una manera inusual. El pasillo casi a oscuras no dejaba par a la imaginación, solo podían ocurrir dos cosas, que llegase el relevo de la guardia o que algún paciente se levantase y fuera a la centralita a pedir algo sin tocar al timbre de su habitación.

Pero ese temblor, esa sensación de frío era algo raro, como un momento alejado de la realidad cotidiana que no solía darse a menudo. Y sintió miedo, a pesar de ser una clínica psiquiátrica modelo, por su cuerpo empezó a subir una sensación de temor y pánico. Tenia el presentimiento de que algo iba a suceder.

En unas décimas de segundo sus pupilas se dilataron al máximo y en la negrura del pasillo pudo divisar una formación semitransparente que iba tomando forma, que se iba pareciendo cada vez más a algo humano pero que levitaba, que se mostraba como un ente que atravesaba las sillas, las camillas, todo mueble que estaba en el pasillo y que iba camino suyo.

El sudor se hizo patente, el café con leche temblaba como si hubiese un futuro terremoto, sus manos estaban como atadas intentando llegar al teléfono para avisar a seguridad, pero estaba paralizada. La angustia se apodero rápidamente de todo su cuerpo e intento gritar sin resultado alguno, lo volvió a intentar varias veces mientras el ente fantasmal se acercaba pero no salía nada de su garganta.

Cuando lo que ya se podía decir que era un fantasma en toda regla se quedo parado a escasos centímetros cara a cara, Ana María echada hacia atrás en su silla ahogándose en su propio miedo, temblando como si ello le fuese a salvar la vida articulo una sola palabra – “hola” -.