Sobre mi vida en la oscuridad

Mi oscuridad es un lugar desagradable, a veces veo un poco de luz pero es tan tenue que me resulta indiferente. Mi cuerpo a pesar de no estar corrompido por los espíritus ni los demonios es un imán para todos ellos, son parte de mis cicatrices, los que me arrebataron el alma a golpes sin dejar marca alguna. No tengo pretensiones con lo que aquí cuento, sólo es mi manera de desahogarme para sentir por un instante un poco de libertad dentro de este mundo que se sobrealimenta de mis deseos inconfesables, de mi mente tenebrosa, de todos mis propios males.

Al principio no me aferraba a mi oscuridad, era un hombre normal que disfrutaba de la vida viajando y teniendo relaciones esporádicas con mujeres que conocía en diferentes lugares, sin atarme del todo, lo suficiente para alimentar mi ego una temporada y luego volar a otro destino. Pero las maravillas mundanas poco a poco fueron perdiendo intensidad para mi, lo que devora mis recuerdos es más rápido de lo que tardo en crearlos, de ahí que en la oscuridad los que me quedan están a salvo.

Vivir en la más estricta soledad sin compartirme con el mundo no es una decisión fácil, no hay derecha o izquierda ni arriba o abajo, es como estar en una dimensión donde nada de lo que esta rodeándote es verdad pero hace daño si no sigues sus reglas. Es una limpieza del karma donde las conversaciones con quienes ya no están son parte de la terapia de vivir donde a nadie más le apetece, o donde nadie siente la necesidad de quedarse voluntariamente. Al fin y al cabo la oscuridad es como la mugre que molesta y que no resulta graciosa.

Con esto no quiero decir que me siento cómodo en la oscuridad, ha sido una decisión personal el adentrarme en ella y quedarme, el debate con mis fantasmas es algo que no quiero extrapolar a nadie más y menos a toda persona que pueda interesarme, las luchas de cada uno son de uno mismo y de nadie más, porque en cierto modo nadie podrá entender a los entes que tu mente quiere destruir o dejar de percibir, en la oscuridad el tiempo no es una medida sólo una paradoja inexplicable.

Quizás no me doy cuenta de que mi sensibilidad hacia lo oscuro sea una respuesta a lo que no llego a entender, ¿estoy muerto?. ¿Cuándo podemos considerar como muerte el fin de una persona?, ¿es la soledad la parte de la oscuridad que creamos para liberarnos?. Es aterrador pensar que en el más allá donde los demonios y espíritus habitan puedan venir a tu zona de confort no para alimentarse de tus males sino de tus bondades, porque al final allí donde reside la luz no deje de ser la más profunda de tus oscuridades.

Amada Muerte

Al desnudo

la visita inesperada

la jodida parca

sigue trabajando.

Ella aterroriza

pero no busca culpables

ella no juzga

solo se los lleva.

Vivir a su manera

es puro aislamiento

como un espectador

de las negruras.

Ya se oyen sus pasos

marcados con cadenas candentes

solo espero que me bese

y me diga «en otro momento».

No tengo nada que decir

No tengo nada que decir

no tengo ganas de nada

no tengo supervivientes

entre mis entrañas.

Mis poemas oscuros

no terminan al final del camino

serpentean hasta mi cerebro

y me comen por dentro.

Los dolores en caliente

provocan mis alucinantes

situaciones inéditas

un llanto de desesperanza.

Ya no soy humano

ya no soy persona

todo aquello que llegue a ser

se perdió en el viento…

En tu momento egoista

Tu siempre me confundes

entre un condón y un mojón

y me dejas como una pendeja

divirtiéndote de verdad con la inocencia.

Si te lo pasas bien sin saberlo

porque no me contestas a derechas

y me sacas de quicio con tu ambigüedad

como el cuento de la lechera.

Y estornudo y me sueno con tu fotografía

mientras rasco la alfombra de mi habitación

sin contestarme si la mujer es un canal

de la eterna supervivencia.

Como protesta final mi silencio

escuchando como tu teclado echa humo

pero me sacas la sonrisa bien cabrona

aquella que te dije tantas veces…