-Frío-

Muñeco de nieve

Me congelo

mi cuerpo es un tempano

el hielo se forma en mi sangre

soy pura escarcha.

Me dices que ponga lana

en esas partes que tengo sin pelo

hacerme pasar por un ogro

con mucho vello en el pecho.

Y te enoja ver mis pies de gorila

pisando la nieve sin palmeras

sin dejar que tus manos me caliente

más abajo de la cintura.

Me enfrío y ralentizo

y pones tu mejor sonrisa

dices que ya no te hace falta

buscar un muñeco de nieve.

Primavera de invierno

Estoy muerto de frío

congelado,

¿dónde esta tu gorrito?

Ese que cuelgas

al lado de la cama.

Úsalo de capuchón

envuélvemelo

o déjalo en la babosa

esa cosa que tu llamas

mas que concha.

Esa parte trillada

aquella que no da miedo

sonando los mocos

a la manga del camisón

allí donde esta la ilusión.

Orinandome

por ese congelamiento

que se me olvida

el maullido del quejido

de mis próximas letras…

Jubilar la manta

Hoy he quitado la manta de invierno de mi cama, no se porque extraña razón mi cuerpo me invitaba a dejarla ya en su hueco del armario a pesar de que aún tiene que venir muchos días de frío y de mal tiempo. He conservado las sabanas nórdicas y el edredón pero simbólicamente el retirar la manta me ha liberado un peso de encima, como si las noches fuesen demasiado calurosas y pesadas, demasiadas pesadillas con la boca seca.

Ayer José Sánchez me dijo que me cuidara del amor que a veces es doloroso… por experiencia es muy doloroso y pocas veces gratificante cuando eres una bestia salvaje y vives en una cueva pero su comentario que conteste desde la cama al escuchar el aviso en mi móvil me hizo pensar en quitar ese peso que sentía en esos momentos, demasiadas espinas le dije por eso me he cargado la manta, demasiados recuerdos.

Y aunque como mochilero que he sido durante años se lo que es lo de “carretera y manta”, ahora estoy en un momento de mi vida que no puedo dejar la cueva sola, demasiados zorros rondando para ocuparla pero prefiero jubilar una manta y sentir algo más de frío para sentirme vivo, para saber que aun puedo temblar a ser como una sandwichera caliente fundiendo el queso con el pan.

Volviendo a la micro conversación con José Sánchez y eliminando la metáfora de las espinas me gustaría algún día antes de que sea demasiado viejo de no tener que usar nunca más una manta porque una compañera quiera compartir sus ronquidos con los míos.

Desde el más profundo de los cariños.