Pensando en el final.

Cuando he visto la muerte de cerca tantas veces a lo largo de mi vida, en lo profesional, en lo personal, uno se acostumbra a verla desde un prisma diferente. Duele, si. Pero cuando lo has vivido varias veces de cerca se te forma una coraza y las lágrimas dejan de fluir, ya no se ahoga el alma.

Estos últimos días en mis revisiones metido en las maquinas, resonancia nuclear, magnética, analíticas, aumento de medicación para el dolor, pastillas para intentar dormir ya que el insomnio me corroe, corticoides y un largo etc, he pensado en mi propia muerte. Hasta ahora viví las circunstancias de los demás pero empiezo a evaluar mis propias circunstancias.

Si con todo lo que tengo no fuera suficiente el virus que nos ataca a todos también me preocupa, pillar algo así sería con mis antecedentes un viaje sin retorno y a pesar de todas las precauciones mis visitas continuas a zonas de riesgo, hospitales, centros de salud me exponen demasiado.

¿Pienso alguna vez como sería mi muerte?, todos los días. Cuando no puedo moverme, cuando me falta la respiración, cuando el dolor no me deja dormir, cuando no tengo apetito, en cada circunstancia se me viene a la mente cuando será y si tendré alguna oportunidad de regatear el desenlace final. Es duro.

Aún así reconozco que la soledad me hace pensar y darle vueltas a las cosas más de lo habitual, pero no es fácil mantener la mente distraída o en blanco cuando a cada movimiento el dolor te recuerda que el mal está dentro de ti. Suena a una posesión demoníaca (sonrisas) ¿pero acaso una enfermedad no lo es?. Un abrazo para todos, gracias por estar ahí.

Tus cuidados

Me cuidas

desde la distancia

con cariño

entre abrazos imaginados.

Me besas

y calmas mi dolor

como si fuera tuyo

para hacerlo más pasajero.

Me entiendes

sabes por lo que estoy pasando

y no bajas los brazos

me quieres.

Y lo agradezco

no sabes cuanto lo hago

aunque el sufrimiento me amargue

y me robe parte de la felicidad.

Decisiones

Sé que no voy a llegar a viejo, que mi vida se truncó hace unos años. Vivir con una enfermedad degenerativa que acabará llevando mi cuerpo a ser dependiente de segundas personas no es plato de buen gusto, elevando el dilema y la eterna pregunta de como actuar llegado el momento. Siempre me he dicho que mientras mi mente y mi consciencia se mantuviera sana y clara todo lo que me cayese encima se podría superar porque la vida es demasiado bonita para perderla, incluso ser una “manta” con dignidad no me parecía tan mala idea con tal de ver el progreso de mis allegados y del mundo a lo largo de los años que me terminasen.

Pero también y lo confieso se me ha pasado por la cabeza que llegado el momento más critico de mi vida y antes de no poder hacer nada, terminar con valentía y con una sonrisa agradecida todos los años que pude (buenos y malos) vivir entre todas esas personas a las que quiero y querré siempre de una manera rápida y en silencio, sin levantar revuelo, reivindicando mi derecho a una muerte digna, a no ser el paño de lágrimas de quienes me conocieron en los buenos momentos y que puedan despedirse con esos recuerdos que valen la pena, que hacen que te vayas tranquilo y orgulloso.

He pasado muchas cosas a lo largo de los años, la muerte de un ser amado, perder un hijo, que no me devolviesen lo que un día se firmo o ver como esta enfermedad se cebaba conmigo de manera rápida dejándome reducido a un fotograma de lo que fui. Pero también he vivido cosas maravillosas, viajar por medio mundo, conocer a personas interesantes, trabajar siempre en lo que me ha gustado y compartir a día de hoy una relación con una escritora súper inteligente que no se ha fijado en mi físico ni en mis problemas, se ha quedado con mi sonrisa y los buenos ratos que le hago pasar cuando estamos juntos a pesar de mis carencias. Y eso me llena muchísimo.

Decidir irme antes de ser una carga total es algo que puede pasar en unos años cercanos o quizás la medicina evolucione lo suficiente para alargar lo inevitable, siendo sinceros a pesar del dolor tengo una tolerancia bastante alta al mismo pero también es cierto que los opiáceos ayudan al día a día. Lo que tengo claro es que llegado el momento de que no pueda valerme por mi mismo para nada, no tiene sentido alargar ni atar la situación y dejar paso a un final al que tengo miedo, no sé que hay después y lo ignoro, a pesar de vivir en una zona donde se creen en brujas y en espíritus tan cierto como el pan existe, el otro lado siempre me generó dudas, pero como todo llega sé que ese paso lo haré rodeado del apoyo que se merece.

Esta entrada en mi diario no busca aprobaciones ni polémicas, son muchas horas durante muchas noches sin dormir meditando, de muchos días sin poder hacer nada, de tener un día bueno y seis malos, de rachas de esperanzas y comunicados decepcionantes, de especialistas y muchas pruebas, de probar de todo incluso cosas nuevas, de rabia y desilusión, pero también y no puedo olvidarme de alegrías y todas ellas me las guardo bien adentro de mi corazón porque espero que cuando me toque morirme al menos todas esas alegrías me acompañen a esa nueva aventura si la hay o al menos no las olvide nunca.

Nadie sabe que nos depara el tiempo que estamos aquí, sólo os digo que lo aprovechéis como si no hubiese un mañana porque tal y como estamos viendo en esta realidad, sólo podemos estar seguros de lo que vemos en el presente porque en unos segundos todo puede cambiar. Un abrazo.

Sufrir a diario

Se me va el cuerpo

la cabeza mareada

los músculos se quejan

mis huesos me matan.

Hasta cuando este sufrir

si pido piedad a diario

cuando podré dormir

sin los gritos en mi interior.

La necesidad de paz que busco

entre mi agonía y sufrimiento

que el amor de mi vida se aburra

de mi enfermedad me abruma.

Llorar sin soltar lágrimas

siempre tener una sonrisa

estar reventado por dentro

sin un minuto de descanso.