Los dibujos del infarto

He visto unos dibujos hechos a mano que me han hecho repicar las nalgas a ritmo de lambada, no quiero con ello decir que yo los hubiese hecho mejor, no le voy a faltar al respeto al artista, porque para bien o para mal cada uno crea su arte como le venga bien en gana, como si quiere pintarlos con su propia belleza, o el semen de un antílope de la sábana.

Pero he tenido esta noche una pequeña pesadilla (mentira, una pesadilla de esas que te cagas por la pata abajo y eres quemado en la hoguera por un grupo de hombres con cabeza de carnero) con los dibujos en cuestión, pero os diréis porque no enseña los dibujos, pues porque no tengo el permiso del autor de los mismos porque prefiere quedarse en la intimidad de mi critica desnuda y porque soy buena persona y no quiero castigaros con algo que os puede traumatizar por toda una vida y parte de la vida de vuestros descendientes.

Pero a pesar de que estaban hechos a lápiz con algún difuminado y mensajes empíricos todo lo que en ellos se recreaba marchitaba mi salud y mi vida como si estuviese ante las mismas puertas del infierno y un montón de demonios me estuviesen llamando con susurros jocosos y tenebrosos. Ahora es cuando diréis pero que exagerado eres, si si si, lo se. No os culpo, no los habéis podido ver.

Y volviendo a la pesadilla creo recordar que me decía a mi mismo que la mejor manera de valorar el arte, sea de la época que sea, el estilo que quiera ser hay que verlo con objetividad y sobre todo intentar disfrutar del momento ya que no es normal que nadie se muera por ver una exposición de dibujos (que yo sepa). Y aunque me intente convencer a mi mismo al despertarme entre pataleos, gritos y alaridos como si estuviese en una rueda de una mala comedia, sudando (hasta creo que jurando en arameo) que todo se puede olvidar creo que pasará mucho para que pueda volver a recuperar mi maltrecho corazón.

¡Besis!.