Carta a Y

Querida Y:

Amor mío los días transcurren con celeridad y la historia de nuestra relación avanza rápida a lo largo del tiempo. Queda en el recuerdo la primera vez que te vi, con esos ojos increíbles que destellaban con fuerza, con esos tonos verdes maravillosos que hacían de tu presencia una fuerza de la naturaleza. Pero no solamente me atrajeron tus ojos, tu sonrisa llena de sinceridad que no regala nada, que es justa con lo que te gusta, que tanto explica cuando la tienes.

Tu persona, única y diferente, es de esas otras cosas que tienes que me han atraído tanto de ti, como un tatuaje fijo grabado a fuego, tus propias ideas y tus convicciones hacen que no sólo te quiera si no que te respete desde lo más profundo de mi ser. Me agrada tu inteligencia que valoro incluso cuando me corriges porque intento ser un hombre que te sea útil para muchas cosas no sólo para recibir halagos, abrazos o esos besos que me hacen viajar cuando cierro los ojos porque me transportas con tu magia.

Hoy te escribo esta carta entre viento, lluvia y frío pero mi pensamiento está contigo y aunque el mundo se derrumbe a nuestro alrededor este poeta oscuro te seguirá queriendo como el día que supe que enamorarme de ti ya había sucedido, por eso soy y seré, siempre tuyo.

Nuestros placeres

Ocupas todo mi ser

con tu lengua húmeda y caliente

dejando a mi respiración

vivir su propia melodía.

Me haces un reino de caricias

que me llenan de escalofríos placenteros

por ellos no puedo dejar de buscar

esos tus labios candentes.

Quiero y me entrego a sentir

todas aquellas cosas que imaginas

me gusta soñar despierto

desnudos bajo las sábanas.

Y de todas las cosas que me haces

también me gusta como te sorprendes

al ver que cuando me rindo

siempre es después de tus orgasmos…