Una hora y media mágica

El bullicio de la calle Príncipe no eclipso tu mirada cuando te ibas acercando, a pesar del sol intenso y las ráfagas de aire frío la luz de tus pupilas era la mayor esencia de cuanto nos rodeaba. Y tu sonrisa la mayor carta de presentación, no hacían falta más palabras.
Tu cuerpo amoldaba tu vestido negro, curvas de diosa del Olimpo, olor en ti a primavera, fragancia que llenaba los pulmones de dulzura y sentimiento, de complicidad absoluta como si nos conociésemos de toda la vida.
El paseo por el puerto da Laxe un refranero a tu lado, de palabras bonitas, de cumplidos sinceros, de plasticidad y fotogénica figura en una sesión de fotografías con un marco incomparable atlántico, de aguas salinas de Vigo.
Y la brisa entre arcos de piedra y modelo a lomos de un pulpo de bronce, de la linea de un corazón de granito, del verbo en un objetivo causaba sensaciones y emociones en cada clic de la cámara, en cada segundo vivido a tu lado.
Y mereció la pena, sin dudarlo, ser el alumno de tu belleza, de sentirse vivo ante la juventud llena de madurez que enseñabas, incluso cuando las prisas a lomo de un bocata nos llevaba a un camino distinto, cada uno a su realidad mas cercana, al abrazo de despedida, al sentir que se ha pasado volando unos minutos bellos.
Y me enganche a tus empujones, al humor pícaro, a las ganas de repetir y de sentir tan buenos momentos condensados en una hora y media mágica.

La montaña de la Latina

Latina se escapo de una montaña de cumbres nevadas allá donde los delirios de amor volaban a la altura del oxigeno inexistente y bajo al valle de las esperanzas, donde los ríos se cruzan formando un corazón. Allí donde las cuevas dejan de ser oscuras si les llevas leña y una buena historia y Latina de eso tenía (grabadas a fuego) en su piel unas cuantas, de guerras entre demonios y ángeles, de duendes contra hadas, pegados al hachís.

Se escapo de donde ya no estaba porque no se considera de algún sitio y las montañas eran la metáfora o la excusa mejor predispuesta a ser tragada por la voracidad de su juventud, de su belleza impactante, de un motor de combustión. Litros de alcohol, todo un bocado de Ron.

Latina se expresa con la jerga de la calle, donde lo way es bostezar cada mañana donde aún no se ha despertado la playa y los cangrejos no se atreven a mirar, donde se desnuda a la arena y se deja hacer el amor por el mar. Donde poder gritar mientras la sal le roza el ombligo y recuerda la montaña donde escapo, de aquella nieve que le congelaba el sexo, donde no le hacia sudar entre los pliegues de las olas, la rompiente de sus piernas abiertas robados a la pasión.

Y para cerrar la borrachera de esta entrada recordando el tren al que se engancha Latina con ese tanga de palmera y sujetador de cocotero pintando los labios de rojo accidental, mirando entre robados las fotografías que le secuestro en cada paso firme mientras lo del paisaje que le rodea es una excusa para correrme entre lo salvaje y lo civilizado.

Quiero ser esa montaña.

Ninfa

Ninfa se mojaba las manos en la fuente del Castro y se las pasaba por la cara, intentando despertar al sol del amanecer dejando al fondo la ría de Vigo, su mundo más real donde pasaba las mañanas. Donde sus pensamientos mas oscuros eran para ella los más eternos, los que la hacían soñar en convertirse en un hada, de las que cargan con una espada ejecutora para cambiar el destino.

Ninfa rompe esquemas con su realidad, destruye castillos antes de la hora de comer mientras te dedica una mirada que te hacen sentir como te consumes en sus labios, en la carrera hacia su corazón negro, atacado por las raíces venenosas de Castrelos, por un sentir marginado en cada uña afilada de su ser.

Ninfa enamora sus huesos con sus recuerdos donde dejo lo que más quería tirado en el Arenal porque ella quería su propio infierno y compartir para ella es como pasarse de frenada porque nada existe en su alma si no le quita la razón. Tratando de reclutar migas de pan para que el tiempo no le deje de lado y se olvide de volver a su propia irrealidad.

Ninfa quería ser normal en las tripas de su ciudad pero solo podía aspirar a quemar todas las ilusiones como la Roma de Nerón, a ser la grafitera en las viejas naves de Bouzas allá donde colgaba los pellejos de sus victimas, de esos amantes perdidos en su matriz. Inteligente y creativa nada se le oponía, nada se le cruzaba, es lo mas salvaje que he encontrado ¡si! hablamos de Ninfa.

En tus sueños

Hoy he soñado contigo, con tu abrazo sobre mi tapados por una sabana de verano, desnudos compartiendo la respiración, compartiendo el aliento. Buscando tus besos, tus labios sedosos, tu lengua desatado por las ganas de sentirla contra la mía y jugar a dibujar corazones con nuestra saliva. Con tus hombros, tus pecas ¡¡¡¡mmmm tus pecas!!!!… El recorrido con confianza que haces por mi cuerpo, arañando mi piel con la fuerza de un orgasmo, con la mirada perdida en el techo de la habitación mientras mis manos se recrean en tus pechos y suspiras.
Soñando con las curvas torneadas por tu belleza, con el ombligo que maneja el trafico de mis movimientos dentro de ti, sin prisas, sin pausa, viendo como tus ojos me marcan el ritmo del cariño, de como sientes el regocijo de saberte amada, de sentirte poseída por el calor por la locura de ser amantes, de ser únicos, unidos para la fuerza de la fricción del amor más sincero.

Hoy me he despertado con una sonrisa porque pude sentirte en mi a pesar de que tu no dormías, como con tus ojos abiertos me estabas haciendo el amor.