Hacerme el amor

Reina tiene la buena costumbre de levantarme con un beso, cuando aún estamos en la cucharita metidos entre sábanas. Despejando el frío acurrucados que la noche tiene el hielo entre las paredes pero no puede con el calor de nuestros cuerpos.

Le gusta darme un beso porque sabe que al levantarme no me despido totalmente de ella sino que hago el amago de irme al baño para ver si me sigue y hacerle el amor en el plato de ducha mientras el agua es cómplice de nuestros actos.

Cada mañana para Reina es la continuación de lo que aconteció la noche anterior, le gusta amarme, le gusta hacerme el amor cuando la luz se diluye y cuando los primeros rayos quieren su protagonismo, en la siesta le da pereza que el estomago tiene vida y las posturas crean reflujos.

Me gusta su manera de pensar conmigo ya que no explica con palabras lo que puede decir con sus labios, ni resta valor a un abrazo que entre el colchón y una silla se haga con cariño. Es más fuerte lo que siente que lo que quiere, porque lo que quiere ya lo tiene pero cuando lo siente son dos los que disfrutan.

A veces pocas cosas tan clásicas, cercanas y tan gratuitas se olvidan cuando lo más fácil es dejarte llevar y hacerlas, el amor gestado entre dos amantes debe de ser alimentado a diario para que un beso por las mañanas signifique tanto en un espacio pequeño.

4 comentarios sobre “Hacerme el amor

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