Añorando la amistad

He buscado en tantos lados aquello que llene mi corazón que por más que lo he intentado un total vacío siempre se ha apoderado de mí. ¿Cómo una persona con una enfermedad crónica puede encontrar alguien con quién compartir momentos?, una persona que no tiene vida social, más allá de su cueva, nunca más lejos de un Hospital.

¿Dónde se puede dar una oportunidad?, si no voy de bares, que casi no puedo pasear, que el mundo es una pesada carga difícil de llevar, ya no sé lo que es ir a bailar, un cine, los museos donde no faltaba, mis sesiones de fotografía, cosas tan sencillas donde poder conocer a personas de mi edad o que por cercanía puedan tener una buena conversación, sin nada a cambio, sin exigencias ni malas caras, una sonrisa llega no se pide mucho más.

Cincuenta años son una barrera para los que sufrimos de algún mal, como poseídos por los demonios todo es más complicado porque a estas alturas todo el mundo tiene una vida hecha, un circulo social. Pero los que nos hemos movido por todas partes sin establecernos viviendo sin echar raíces, ¿qué podemos hacer?.

Si algo llevo peor que el dolor o mi enfermedad es la insultante soledad que me desprecia de tal manera que me invita a irme para no volver, a reinventarme cada mañana para no ceder.

Que “jartá” más grande.

Patrones refutadores

En la ayuda al prójimo

malvadas son las pajas

metidas en ojo ajeno

incrustadas por el culo adentro.

No tener otra vida

donde meter y sacar

todos esos colegas falsos

que se ríen de tu enfermedad.

Hay modos y maneras

en el medio de toda pobreza

que no solo grita el bolsillo

sino también los mal paridos.

Y aunque hay risas contagiosas

que siempre se pegan los mismos

los zampabollos que vivimos en una cueva

somos el cero a la izquierda.

 

Cosas de cosas

Cuando pruebas una cosa

que te resulta infalible

no te cansas de meterla

dentro de tu corazón.

Cuando sueñas con una cosa

que sabes que no tendrás nunca

la valoras enormemente

pero la dejas volar libremente.

La solución a los enigmas

de una vida llena de grandes cosas

es que las que se han ido

no eran tan importantes.

Pero que si a cambio

aquellas pequeñas cosas

que aún sin ser determinantes

se quedan, enamoran.

Reciclándose

Demasiado raro

pero adorable y travieso

con la energía inagotable

como caído del cielo.

La maldición

de cagarse en los pantalones

es un poema errante

bajo una lluvia incesante.

Una loca agresiva

con gafas que le mantienen

apartada de las vistas

de los abejorros parlantes.

Con un trastorno obsesivo

compulsivo como los que más

en una calle vacía

y una radio sonando de fondo.