Mi Gaia

Un día me encontré paseando los amores por los senderos celtas, encrucijadas de la Santa Compaña y de las moribundas hadas con su candil de luciérnaga. Era el desprender de las esencias de la Luna llena, madre nuestra acompañante de Lobos y de mí mismo, mi patria, Galicia.

Mis amores como huellas en el camino se miman, y se desean. Son parte irrefutable de lo que jamás deje de construir con mis manos, con mis pensamientos más secretos, inconfesables pero también perdurables en mi memoria, en el latir del corazón, descendiente de Breogan.

Me sonríe la brisa llegada a la sal arrancada de las olas y abraza el calor de mis labios, pensando en ti y en tu cuerpo, desnudo el lamento si no te tengo, seda tu piel, estrellas de tus ojos.

Un día morí por amor, y tan muerto como el frío acero lagrimas corrían en los regatos que daban el verde a mi tierra, y me lleve a la fogata de San Juan las chispas de mis amores, la vida de cada una de las llamas perpetuas tatuadas en la carne de mi bondad.

Y a pesar de que no tenía aliento y el pulso era inútil para mí, sentí más vida en todo lo que hacía que cuando mis cinco sentidos disfrutaban de tu pelo cuan bandera blanquiazul, orgullosa ondeante en la eternidad de los cruces de caminos de mi Gaia.

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