Milojokuk

No quería enfrentarse a su locura

que le comía todo por dentro,

en un pasto de gusanos de seda

envolviendo su memoria y sus protestas.

Era ridículo su cruce de piernas

sus manos sobre la cabeza abierta,

le temblaban los labios con misterio

se mordía los dedos de los nervios.

Defecando papeles con incertidumbres

como en una novela sin final,

su mirada se quedaba turbia y opaca

cuando no sabia a donde tenia que llegar.

Se le fueron muriendo las vidas

aquellas por las que pago en la taquilla,

él ya sabía que lo había perdido todo

que ya no era más que un trozo de carne.