La diosa en su cama

Olga se subió la camiseta, sus pechos generosos destacaban sobre unas curvas perfectas. En su espalda un enorme tatuaje de dos alas de Ángel con las puntas de sus plumas ardientes y uniendolas sobre la columna vertebral un tridente de diablo, clara referencia a su personalidad unida al bien y al mal, ese bien de cara al mundo y el mal, de manera picara y juguetona.

¿Qué busco en ti

cuándo mi lengua busca tu sexo?

Me hago esa pregunta

cuando me inundas en un mar de caricias.

¿Qué buscas en mi

cuándo cabalgas encima buscandome?

Sacando mi sudor y exigiendo

llegar juntos al mismo punto.

Olga es un dulce, que te lleva al gozo y se hace adictiva. No sabes si la manejas o es ella quien lleva de la mano el compás de los orgasmos, el acelerar y desacelerar hasta consumar como ella quiere, cuando lo necesita, no dejando paso al egoísmo de darse a la fuga a las primeras de cambio. El sexo se tiene que llevar más allá del calentamiento, de los preliminares, tiene que dejar huella. En eso es una maestra, te domina hasta llegar al punto de perder la consciencia al sentir el calor interno en toda tu movilidad.

¿Cómo complacer a una diosa?

¿Y yo me lo pregunto?

¡Pero si la diosa eres tú!

Dime.