Le digo hola a mi soledad.

Lloraban mis ojos al sentir tu partida hacia un lugar lejano y extraño para mí. Lloraban porque no entendían tu marcha precipitada y tan rápida, me sorprendí como si entrase el viento del norte en un verano cálido por tu pasión, y no supe que hacer. Pensé que si gritaba el mundo se pararía y todos dejarían de hacer sus cosas para escuchar el desgarrador sentimiento que tu huida de mi lado me estaba provocando, pero el mundo no cesó de girar y de dar sus miles de historias sin parar. Sentí la angustia que produce el saber no ver a esa persona nunca más y nuevamente mis lágrimas recorrían mi rostro de manera fluida, sin parar. Y me preguntaba porque no podría ser al revés, que tu partida fuese un regreso y en vez de un adiós un hola con un abrazo sentido y un beso profundo, pero estoy perdido en la desesperanza y en tu cabeza solo cabe seguir viajando en tu salida hacia adelante sin contar con nadie más. Allá donde te lleve tu corazón que seas feliz a mi me quedan recuerdos y fantasmas del pasado, que tengas mejor suerte. Le digo hola a mi soledad.