HOY ME HAS MATADO

Finalmente me has matado, así como me diste la vida cuando casi no la tenía, te lo has pensado mejor y me has matado casi sin dejarme sufrir, casi involuntariamente pero ha conciencia, con la mente en ella puesta desde hace tiempo. Hoy me has matado y no he derramado ni una sola gota de sangre, bien poca es la verdad que me quedaba, pues he derramado mucha a lo largo de mi vida, hoy sin ir más lejos una poca, la que me quedaba, y sin lagrimas. Llorar no puedo cuando me has matado sin decírmelo, en un suspiro, sin un final, sin un adiós, como en una historia que pasa por tu vida sin dejarte más que una huella grabada a fuego y tatuada en tu alma, y debes de vivir con ello para la eternidad. Pero no te culpo, te doy las gracias, ya que me tenía que haber muerto hace mucho tiempo y todo esto era un regalo precioso y maravilloso que tú me habías concedido y por ello te estaré agradecido y siempre, siempre, por todo el tiempo que mi último suspiro consiga llegar a su fin, te lo dedicare a ti. Hoy me has matado dejándome vivo con mis recuerdos, con mis poemas, mis escritos y mis fotografías, sí, he muerto pero viviré en cada momento que ha quedado reflejado de nuestras vidas y eso me hará inmortal a pesar de que tu, y solo tu decisión, haya sido la de matarme.