La noche

Al llegar la noche ahí estabas tú, entrando en la niebla de mi mente y diluyéndola como si fuese un terrón de azúcar para penetrar del todo en mí. No sé que pudo pasarnos, latidos del corazón continuos y desbordantes donde las horas pasaron a ser minutos, donde cuando nos dimos cuenta ya había salido el sol. Pero tu sonrisa no había menguado seguía ahí esperándome en cada momento de nuestra pasión, si se le puede llamar pasión a horas de placer continuo donde lo único que se puede reprochar es que fuese mas rápido que un suspiro, no hubiese tiempo para más. Y me quedo con lo vivido, lo deseado, las palabras firmes de propósitos perfectos y de esperanzas soñadas, de largas sensaciones inmensas, de pensar en ti.