Un momento inolvidable

Y ella se le arrimo despacio, su cuerpo seguía temblando, no podía entender como estaba tan nerviosa pero no podía dejar de allegarse a él. Su cuerpo tenía la necesidad de abrazarlo, de sentir su calor, de compenetrarse, de ser uno. Para ella, en su timidez, tenerlo tan cerca representaba el mejor momento de su vida, por eso se había concienciado a darlo todo, a entregarse hasta la última décima de energía vital.

El sentía como ella le iba tocando la piel poco a poco, de la misma manera que se pide permiso, sin decirlo, con la mirada. El se dejaba llevar por la situación y comprendía, lo entendía. Quería sentir a esa chica en todo su esplendor y sabía que ella también tenía la misma necesidad de ser amada, de ser querida por el.

Los cuerpos fusionados como en una melodía empezaron a sentir como los poros se fogueaban al mismo ritmo, de la manera más ardiente, de ese modo en que sólo dos amantes pueden hacerlo. Pura pasión y lujuria, excitación hasta la locura y fluidos al mismo compás. Los sueños de una mujer engalanados por el mismo momento que él siempre había soñado, dos partes que sin saberlo se necesitaban para transportarse a su propio mundo.

Y no quedó nada de ellos cuando vaciaron su último suspiro, cuando desahogados llegaron al orgasmo al mismo tiempo y como si no hubiese pasado nada una ligera brisa se los llevo, desaparecieron y nunca, nunca más se supo de ellos.

Posdata: Cuando estés con el amor de tu vida, no te quedes dormid@.