Otro día de mierda y van…

Hoy tengo un día de mierda, mi cuerpo llevaba ya unas horas avisando y desde ayer a la tarde he tenido que meterme en la cama y aguantar como se me iba la cabeza por culpa del puñetero dolor que invadía todo mi cuerpo. Me he levantado para desayunar y tomar las medicaciones y malamente pude apartar la sábana y el edredón. Todos los músculos que están cerca de mis huesos y estos últimos parecen una colmena viva de avispas asesinas marcando todos los puntos que me duelen y en diferentes intensidades.

Sin fuerzas y agotado como si un tren de mercancías me pasase por encima, intentando distraer mi mente para no desmayarme, para no marearme y dejar de sentir esa opresión en el pecho de una ansiedad aguda porque el dolor te engaña y te invita a pensar que te va a dar un infarto, cuando es la señal inequívoca de que todo va tan mal en tu cuerpo que a veces rendirme y ponerle un final es la única alternativa para no ser un despojo, una pelota que todos los especialistas se van pasando para librarse de mi y que otro cargue con mis problemas óseos y musculares.

Lo de librarme de mi es algo que he prometido no hacer, por esa persona que me quiere, por algún familiar que me tiene cariño, quizás por algunas cosas que no he dejado atadas, o que creo que en un futuro no muy lejano se encuentre una solución que me permita ser un hombre útil para mi, mi pareja y para quienes me rodean. Y muchas veces pienso en ello y se que es agarrarse a un clavo ardiendo pero no me queda otra, a pesar de que en días como hoy, como lo son otros de la semana donde haces de tripas corazón, ni mi mente ni mi cuerpo me quieran dejar vivir ni un poquito.

Veo a muchas personas desesperadas porque llevan unos días sin salir de casa y que están al borde de un ataque de nervios, como tendría que estar yo cuando por el dolor he estado recluido meses y mi única ventana a la realidad es una red de fibra óptica, que cuando puedo salir es para ir a un médico o a una farmacia, que intentar tener una vida es una lucha de a cara de perro entre el dolor y mi corazón y a veces ya no se quién está ganando.