Mi carta de hoy para ti.

Amor mío:

Esta noche he sentido como tus manos se deslizaban por mi cuerpo, como tus caricias me hacían erizar cada centímetro de mi piel y que no quedaba nada sin recorrer, que no dejabas ni un poco a la imaginación, que todo mi ser era para ti como un receptáculo de lujuria que tenías que sentir con toda su intensidad.

Me hiciste el amor con la naturalidad de dos cuerpos que se conocen y se funden porque necesitan sin motivación ni remordimientos amarse, sudar juntos, intercambiar fluidos y gemidos, concluir que no hay barreras ni freno a la hora de entregarse al sexo más emotivo, al que dos enamorados dan para el uno al otro esperando recibir la misma cantidad de cariño que va dejando, que va regalando con toda su pasión y delicadeza.

Esta noche sentí como tu corazón palpitaba con fuerza, como tu lengua jugaba con la mía sin mediar palabras, hablando con nuestras miradas, guiándonos por el tacto para intercambiar todo lo que hemos aprendido a lo largo de los años. Sin prisas pero sin pausas, desahogando todo lo que dentro de nosotros mismos quiere salir, quiere darnos y que nos apetece, como pareja, como amantes.

Te hice el amor mientras me enamoraba, cada vez más ya que lo estaba, de tus curvas perfectas, de tus senos, del volcán de la vida, de tus manos cogidas de las mías cuando empujaba, cuando te hacía sentirme dentro de ti, cuando apretabas tus piernas contra las mías, cuando en tus pupilas se podía ver el estallido de mil soles, el nacimiento de cada nuevo orgasmo como una declaración jurada de amor eterno, de aquello que tanto nos gusta llamar, amor verdadero.

Te quiero.