El desnudo

Reina salio desnuda de la cama, abrió la puerta de la terraza y se asomo al mundo como su madre la trajo, como ella suele decir “en pelota picá”. Una obra escultural y una belleza propia en el centro del arte español, en lo más céntrico de la capital.

Ser nudista era una vocación, la suya desde que tiene uso de razón. Cuando sale a la calle bajo un abrigo de bisonte no lleva nada, ni la ropa interior. Le gusta sentirse capaz de tener que salir por patas y en cueros si la cosa se pone “chunga”. Pero no le gusta que le llamen exhibicionista. No lo es, a ella el salseo como que le da urticaria.

En verano sin abrigo como es lógico pero si con una mini y un top, casi tan transparentes como la luz, marcando sus curvas de Goya y el batido como el hielo, para marcar bien firmes aunque sea anti taurina.

Reina es un prodigio de todo aquello que necesitamos hacer y no nos atrevemos, su desnudez es un universo y cada vez que veo como se asoma a su terraza, mientras me tomo un café suspiro, para que se enfríe.