Pensando a la hora de comer (carne de Psicólogo)

¿Qué soy?.

¿Qué hay después de la muerte?.

A veces recuerdo todas las cosas que a lo largo de mi vida he podido vivir de manera arriesgada, de frente y con valentía. Me ayuda recordar las cajas llenas de momentos que por el mundo adelante fui recopilando, cosas materiales y otras, las más importantes, derivadas de los sentimientos de las personas con las que he vivido, me he relacionado e incluso jugado la propia vida en trabajos que ya no podré volver a hacer.

Cuando tengo en mis manos esos recuerdos y pongo parte de mi ser en el pasado se me rompe el corazón, he ganado tantas batallas que sólo yo pude derrotarme a mi mismo, mi propio cuerpo cansado y herido por las cicatrices de tanto y tanto dado, de regalar la energía sin temer a nada y de saltar mil veces al vacío porque el miedo no existía en mi diccionario. Ahora ese cuerpo es mi enemigo, me ha vencido con mayúsculas y me tiene de rodillas negándome algo tan sencillo como lo cotidiano.

De mis viajes, mis trabajos, mis relaciones, mis vivencias y anécdotas, de todo y más sólo me queda la pena. Hecho de menos el amor, siempre he sido un romántico que se podía enamorar bajo la luz de la luna mientras compartía una lombriz como halago a una dama, o regalar una rosa negra para callar todas las bocas siempre y cuando me besaran. Hoy ya no se que es amar, me vienen destellos pero sufro, bajo la cabeza y me entrego al dolor que irradia mi cuerpo sin benevolencia. Me trago mis medicinas como me trague el orgullo al verme encerrado para siempre entre cuatro paredes, sin socializar con personas cara a cara, con lo que yo he sido para hacer contactos, con una simple sonrisa.

Ahora me pregunto que hay después de la vida, uno busca en foros, lee revistas científicas sobre experiencias cercanas, documentales, la bruja de mi misma calle, mis ojos ante el espejo, vacíos. Antes no tenía miedo a nada de eso, asumía riesgos, en la juventud todo se abre de manera que no piensas en lo que te pasará mañana, en cierto modo es un poco como el ahora, vivir el día a día. Aunque antes podía ser cruzando el Atlántico o el Golfo Pérsico, viviendo en otro país o en varias ciudades de una nación que nunca me retuvo lo suficiente hasta ahora.

Me gustaría tener una transición tranquila, sin saberlo, sin notarlo, mientras duermo. Aunque viendo que como mucho duermo dos horas al día espero poder tener el acierto de que no me duela demasiado si me pilla despierto leyendo algún post.

Me he ido y me he dejado llevar, hora de comer, hoy mi economía de guerra me trae un yogur sabor a galleta y una tortilla francesa, voy a discutir con mi gato el orden en que me lo voy a comer, sobre todo porque mi gato le gusta barbaridad relamer el yogur.

Gracias por aguantarme, un abrazo.