Cosas de conejos

No me llegaron tus ¡buenos días! cuando te falto tiempo para decirme que te vas a afeitar el conejo, evidentemente mis ojos se quedaron como los girasoles de Van Gogh, aunque una vez recuperado del efecto nuclear sobre mi mente me pregunte ¿qué se va a afeitar lo qué?, muñeca diabólica, que hambre me está dando, con la crisis económica galopante que tengo por los múltiples gastos médicos.

¡Me habla de conejo!.

Con la cantidad de recetas que tengo para el uso del conejo en la cocina, que tengo más estrellas pegadas en la nevera que toda la guía Michelín. Y me quiero convencer a mi mismo que lo de afeitárselo fue un descuido y que seguramente me quería decir que iba a comprar conejo y maquinillas de afeitar y un cruce de cables le redujo la frase, o quizás fue cosa del corrector ortográfico.

Y ahora me quedo todo mosca, bueno más bien moscardón, porque siempre me han gustado los conejos a pesar de que no tienen mucha chicha pero bien preparado mejor que la rata es. O a lo mejor es lo que realmente quería decir ya se sabe que la confianza a veces…. ¿Qué hago?, ¿le pregunto si fue un error o es tan cual la cosa?, ¿me quedo con mi mente perversa pensando en la caída de la hoja en el otoño?, ¿cojo la escopeta y voy a cazar algún conejo para pasar el mono?.

Cuantas preguntas me inundan, me voy a volver liebre.