Pensando al desayunar

La sencilla razón de tener un momento de paz es para no tener que ser malo todo el tiempo. El ser humano en su suprema incomprensión es capaz de todo lo bueno que deseamos ver y de hundirte en la mierda en cuestión de segundos, tocar los huevos es un deporte que junto con el de la envidia y el mal de ojo copan el ranking de lo mejorcito de este planeta.

Hasta ser un trepa es algo que se ha normalizado, ser pelota, ser enchufado, ser idiota y tener un puesto de renombre porque tienes un buen padrino, ser defraudador famosete para que te aplaudan en las puertas de los juzgados, ser guionista de series donde el demonio y los ángeles se unen para el apocalipsis, todo en un momento donde si no hay sangre, o escenas gore en los telediarios ya no mola y cambias de canal buscando salseo y masacres.

El morbo vende, ser malo vende, hacer series donde el narcotraficante se ve como la joya de la corona vende mucho, asesinos en series, héroes de guerra por matar mujeres y niños con un rifle de francotirador, vamos que el porno se ha quedado hasta en un segundo plano y es demasiado suave. Que si te ataco porque me da la gana y cuando tengo toda la flota a punto de mandarte al carajo hago un twitter avisando que ahora no se me antoja y todos desilusionados de no ver en directo una guerra por televisión.

Donde hay más violencia machista, feminista, en todas partes. Donde para algún político que pongan más años a unos violadores es un escándalo, donde hay doble moral, doble rasero, donde hay huelga de médicos porque no se puede atender a los pacientes con algo de dignidad, donde sólo unos cuantos cortan el pastel y no reparten ni las migajas, donde la juventud se asfixia, y los que pasan de los cincuenta ya les están buscando la manera de quitárselos de en medio que hay mucha población en el mundo.

Y yo con una enfermedad chunga de cojones que no puedo ni comprarme una cama articulada eléctrica que la tienes por seiscientos euros en fabrica porque no tengo manera de subvencionarla, a los enfermos no nos dan crédito ni para llevar el día a día de una manera más humana. Cosas que parecen tonterías pero que a cientos de miles de personas cada mañana se levantan y se preguntan si es mejor irse para el otro mundo o aguantar que nos llueva mierda otra vez.

El mundo ha dejado de ser mundo cuando nos conformamos con que unos pocos manejen los hilos de miles de millones de ciudadanos.