Cosa de dos

Tenía la fea costumbre de quitarse las pelotillas de la nariz, yo siempre pensé que se dejaba las uñas largas para llegar a lo más profundo del tema y nunca me lo desmintió, aunque también daba un poco de asquillo si luego no se las lavaba bien para hacer la comida, esas pelotillas incrustadas entre las uñas para hacer más espesa la sopa.

Y la temprana edad

de la misericordia más bendita

era cuando rompías el despertador

un domingo por la mañana.

El resto del tiempo

aflojabas tu cuerpo como el gas butano

que si se te diera por sentarte

tendríamos un punto de recarga.

Me obligabas a comer las fabes

con el cucharon de los berrones

para que quedara bien limpio

y no gastar así el agua.

Y como toda edad temprana

de la bendita misericordia

no te alterabas ni un solo pelo

cuando te dejaba tirada.

Ni como se frotaba los sobacos con tanta fuerza que se despellejaba viva y llegaba a oler hasta a quemado, menos mal que no salía humo y así no saltara el detector más sensible que sus palabras. Pero a pesar de todo eso ¿quién le niega el amor más profundo?. Cosa de dos.