Comiendo, lo que sabes.

Tiembla el episodio

entre tus dedos como agua

vibrando por la música

que emites fantástica.

Del sermón con pan de molde

sacaste el agujero para el huevo

seguir cantando te alivia

el dolor de duodeno.

Y escribes para describir

las ansias que hacen en ti

comerte un caldo con chorizo a tope

antes de la media noche.

Como sueles pregonar

cada día de tu vida es distinto

no hay canción sin comida

y alimento que no se cante.

Como no hay relación que se devore

de manera tan insustancial

que al final de la carne mas tórrida

ni los huesos se puedan regalar.