Dos galletas y media

Dos galletas y media después de la comida cariño. El marido la miraba con una sonrisa pero a la vez extrañado y se decía en sus adentros a que venia esa media galleta y no tres completas o dos, que a el con una le llegaba con el café pero su punto goloso le dejaba estomago para una docena si hiciese falta. Y así la escena a lo largo de una vida después de cada comida al mediodía, hasta que en un alarde de valentía y sin querer contrariar a su esposa le lanzo la pregunta del millón.

¿Por qué dos galletas y media en vez de dos o de tres?

Su mujer con gesto cálido y cariñoso le acaricio la calva y agachándose se la beso pues el aún estaba sentado a la mesa y le contesta:

  • ¡Por qué me sale del coño Manué, por que me sale del coño!

El silencio fue total en la cocina, pasados unos minutos el marido intento reaccionar y decir algo pero seguía petrificado y congelado por la respuesta. No se podía creer que después de una vida juntos sin atreverse a preguntar el tema fundamental de las galletas del café ahora cuando se arma de valor la respuesta sea tan seca, bestial y contundente.

Al día siguiente y sin comentar para nada lo sucedido en la comida del día anterior llegada la hora del café el marido se queda asombrado cuando su mujer al ponerle el plato ve que en el ahora hay tres galletas enteras y no las dos y media, cuando se iba a girar para preguntarle cual era la razón del cambio su mujer levantando la mano en posición de stop le repite:

  • ¡Por qué me sale del coño Manué, por que me sale del coño!…

Y nunca más se volvió a hablar del tema.

Amante muerte

Aun me queda una hora de luz

donde late mi corazón,

allí donde las aguas bravas

remueven mis venas.

Una hora donde no hay orillas

y remar con fuerza no vale,

la energía y la experiencia

fluye más allá del tiempo.

Y sientes como te rompes

donde de nada vale rezar,

porque la realidad es muy superior

a donde enterramos nuestros actos.

La hora se termina

y la luz se va difuminando,

ya llega la oscuridad

y con ella mi amante la muerte.

Jubilar la manta

Hoy he quitado la manta de invierno de mi cama, no se porque extraña razón mi cuerpo me invitaba a dejarla ya en su hueco del armario a pesar de que aún tiene que venir muchos días de frío y de mal tiempo. He conservado las sabanas nórdicas y el edredón pero simbólicamente el retirar la manta me ha liberado un peso de encima, como si las noches fuesen demasiado calurosas y pesadas, demasiadas pesadillas con la boca seca.

Ayer José Sánchez me dijo que me cuidara del amor que a veces es doloroso… por experiencia es muy doloroso y pocas veces gratificante cuando eres una bestia salvaje y vives en una cueva pero su comentario que conteste desde la cama al escuchar el aviso en mi móvil me hizo pensar en quitar ese peso que sentía en esos momentos, demasiadas espinas le dije por eso me he cargado la manta, demasiados recuerdos.

Y aunque como mochilero que he sido durante años se lo que es lo de “carretera y manta”, ahora estoy en un momento de mi vida que no puedo dejar la cueva sola, demasiados zorros rondando para ocuparla pero prefiero jubilar una manta y sentir algo más de frío para sentirme vivo, para saber que aun puedo temblar a ser como una sandwichera caliente fundiendo el queso con el pan.

Volviendo a la micro conversación con José Sánchez y eliminando la metáfora de las espinas me gustaría algún día antes de que sea demasiado viejo de no tener que usar nunca más una manta porque una compañera quiera compartir sus ronquidos con los míos.

Desde el más profundo de los cariños.

Si me lo pidieras

Si me lo pidieras iría contigo hasta el fin del mundo y allí me arrojaría a lo mas profundo para hacerte de cama en el lecho marino. Para sentirte aunque solo fuese arena, notar el roce de tu piel sobre mi excitando cada instante, cada momento como si de ello dependiese la virtud del alma.

Si mi débil corazón me dejase sacaría fuerzas donde ya no quedan para verte sonreír en mi planeta, ese que después de unas décadas marcando el paso se despide de mi lentamente y acabara muriendo conmigo, por eso apunto y recalco que cada momento que me regalas es para mi un suspiro de oxigeno que me alimenta y me roba las penas.

Si me lo pidieras te haría las trenzas de madre selva, bebería tus aguas de tus propias manos, me sentaría al regazo de la Luna con tal de que tus ojos me viesen una última vez, me despidieses como me gustaría, con un beso. Y a pesar de todos los obstáculos y fronteras no me puedo quejar y no lo haré, ya no, afrontar con valentía las puestas de sol sin esperar los amaneceres y llegar a ver uno y otro, otro más, es lo valiente.

Si pudiese cambiar algo, si, lo cambiaría.